Metales

La exposición a plomo o mercurio se produce a través de la inhalación, de la ingesta de agua o alimentos contaminados o a través de la placenta o de la lactancia materna en niños.

Metales contaminantes:

  • Plomo

El plomo es un metal natural que se puede encontrar en distintas zonas del medio ambiente, aunque la mayor parte proviene de las actividades del hombre, como la producción de baterías y de municiones entre otros. Debido a la preocupación de los efectos de este metal sobre la salud se ha reducido su presencia en la gasolina, las pinturas y las cerámicas.

Los niños pequeños se exponen a este metal a través de la ingesta de pinturas que contienen plomo, por ejemplo chupando juguetes recubiertos de pintura. Los niños son más vulnerables al envenenamiento con plomo que los adultos ya que un niño que ingiera grandes cantidades puede desarrollar anemia, dolor estomacal, debilidad muscular y alteraciones en el sistema nervioso. Los fetos se exponen a través de sus madres y los efectos potenciales sobre la salud infantil incluyen prematuridad, retraso en el crecimiento, alteraciones en las habilidades mentales, dificultades en el aprendizaje y alteraciones en el desarrollo motor.

  • Mercurio

El mercurio es un metal que, combinado con otros elementos como el sulfuro o el oxígeno, forma el mercurio inorgánico o las sales de mercurio, que se utilizan como polvos o cristales en cremas cosméticas o en cremas antisépticas. La fuente principal de mercurio es el uso de combustibles fósiles, fundamentalmente el carbón que contiene trazas de este metal. Al quemarlo este compuesto entra en el medio ambiente. En medios anaerobios (cuando no hay oxígeno) las bacterias lo transforman en metil-mercurio. Esta forma es la que se bioacumula con más facilidad en organismos y en personas. Es además un metal que se utiliza en termómetros (y algunos instrumentos médicos), en tratamientos dentales y en focos fluorescentes, pilas y baterías.

Al igual que con el plomo, los niños son más sensibles a los efectos del mercurio que los adultos. Dentro de estos efectos cabe destacar el daño en el sistema nervioso, retraso mental, incoordinación, ceguera y dificultades en el habla.