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Sábado, 03 de octubre de 2009

Barcelona controla la huella ambiental

Título: Este estudio, del que Barcelona sale victoriosa, mide por primera vez la denominada huella de carbono, la huella ambiental de las grandes ciudades

Para poder determinar la contribución de las grandes urbes a la acumulación de gases de efecto invernadero, que provocan el tan hablado cambio climático, es vital conocer la denominada huella de carbono. Por esta razón es tan importante e indicativo el estudio realizado por el canadiense Christopher Keneddy, ya que en el mismo se comprara con una metología común las emisiones de diez grandes ciudades. Las urbes pasadas por el escaner han sido Barcelona, Praga, Londres, Nueva York, Bangkok, Ciudad del Cabo, Toronto y Los Ángeles. Y de todas ellas, la que emite menos gases de efecto invernadero es la capital catalana, de cuyo estudio se ha responsabilizado la doctora Gara Villalba. Licenciada en Ingeniería Química por el MIT (Massachusetts Institute of Technology) y doctorada por la UB (Universitat de Barcelona), Gara Villalba es investigadora y profesora en el ICTA (Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals.

Ciclo completo la vida
Buena parte de la importancia de los datos que aporta este nuevo estudio pionero se halla en que por primera vez se incluye un análisis del ciclo completo de vida, de forma que en el estudio quedan recogidas las emisiones directas y las utilizadas, por ejemplo, para generar los combustibles usados en la calefacción, por citar un caso. Es en este apartado donde Barcelona saca la peor nota, pero de lo que no cabe ninguna duda es que la capital catalana está muy avanzada en el estudio y en el tratamiento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Otro dato interesante por lo que respecta a Barcelona es que la demanda energética de un barcelonés para calentar un hogar es de 1.295, mientras que la de Denver es de 3.425, la de Ginebra 2.902, la de Londres 2.559, la de Nueva York 2.372, la de Praga 3.550 o la de Toronto 3.722.
Pero lo que queda claro en este estudio –publicado en la revista 'Environmental Science and Technology'– es la importancia de  medir la huella de carbono, ya que ésta identificada las fuentes de emisiones de los gases de efecto invernadero (GEI) de un producto. Y a raíz del análisis de estos datos se pueden planificar objetivos y políticas de reducción de emisiones más efectivas.